Los profesionistas de la educación, ya sean que inicien o tengan algunos años de experiencia, compartimos muchas cosas en común, por ejemplo, la carencia en: infraestructura del centro de trabajo; o bien de materiales didácticos, bibliográficos; espacios adecuados para prácticas de laboratorio; etc.
De igual manera los problemas que vemos y vivimos en la escuela, no se quedan ahí, al menos en mí caso, me los llevo a casa en muchas ocasiones, ¿Cómo cuáles?: el desinterés mostrado por los alumnos, para el estudio; la irresponsabilidad mostrada al no presentar las tareas, consultas, etc.
Y por supuesto nos preocupa ver la carita de ellos, que muestra su pensamiento en otro lado, quizá tuvieron o vieron alguna discusión con o entre sus padres; otros que observan con tristeza una difícil situación económica; y como sabemos, “con hambre la letra no entra”.
Al leer los comentarios de los compañeros, compartimos las mismas satisfacciones: cuando recibimos las muestras de cariño de nuestros alumnos; cuando el grupo que asesoramos logra un mejor índice de aprovechamiento; y por su puesto cuando los vemos en su graduación; y más aún si alguno de ellos estudia la misma profesión que el maestro; y cuantas veces los encontramos por la calle y te saludan mostrando un gran afecto.
¡Qué más podemos pedir!
Profra. Xóchitl Orozco Andrade
